InfoTekArt : Archives des articles (2004-2024)

  • Vidéo / Test: nouvelles fonctions de la recherche vocale Google sur Android

    J’ai testé pour vous les nouvelles fonctions de recherche vocale Google, sur un smartphone Android (Nexus 5). Résultats étonnants, avec en prime une petite surprise, à la fin…

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  • Rilke (Rainer Maria): L'amour qui lie un être humain à un autre

    L’amour qui lie un être humain à un autre : c’est là peut-être ce qui nous fut imposé de plus difficile, la tâche suprême, l’épreuve finale, le travail dont tout autre travail n’est qu’une préparation. C’est pour quoi les jeunes gens ne peuvent aimer, eux, les débutants en toute chose: ils doivent l’apprendre. De tout leur être, de toutes leurs forces, rassemblés autour de leur coeur solitaire, angoissé, et qui bat d’une haute attente, ils doivent apprendre à aimer. Mais un apprentissage est toujours une longue période close; ainsi l’amour, pour celui qui aime, demeure longtemps et jusque bien avant dans la vie, une solitude, un esseulement plus intense et plus profond.
    Aimer, ce n’est rien tout d’abord de ce qui s’appelle s’épanouir, s’abandonner et s’unir à un autre être (que serait donc une union du confus et de l’inachevé – et dépendant encore ?). C’est pour l’individu une noble invite à mûrir, à devenir quelque chose en soi, à devenir un monde, à devenir soi-même un monde pour l’amour et le profit d’un autre; c’est une haute exigence impérieuse, quelque chose qui en fait un élu et l’appelle travailler à de vastes desseins.
    Un devoir : travailler à soi-même, « prêter l’oreille et brandir le marteau jour et nuit », voilà l’unique sens que devrait revêtir aux yeux des jeunes gens l’amour qui leur est donné. La confidence, ni l’abandon, ni aucune des formes du commerce amoureux ne sont pour eux – qui en sont pour longtemps encore à épargner, à rassembler. Elles sont l’étape finale ; elles sont cela peut-être à quoi les vies humaines, aujourd’hui encore, peuvent à peine parvenir.

    Lettres à un jeune poète.

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  • Whitman (Walt) : One’s-Self I Sing / Je chante le soi-même (traduction Jules Laforgue)

    One’s-Self I sing, a simple, separate person;
    Yet utter the word Democratic, the word En-masse.

    Of physiology from top to toe I sing;
    Not physiognomy alone, nor brain alone, is worthy for the Muse.
    I say the Form complete is worthier far;
    The Female equally with the male I sing.

    Of Life immense in passion, pulse, and power,
    Cheerful for freest action form’d, under the laws divine,
    The Modern Man I sing.

    Je chante le soi-même, une simple personne séparée;
    Pourtant je prononce le mot démocratique, le mot En Masse.

    C’est de la physiologie du haut en bas, que je chante;
    La physionomie seule, le cerveau seul, ce n’est pas digne de la Muse.
    Je dis que l’Ëtre complet en est bien plus digne;
    C’est le féminin à l’égal du mâle que je chante.

    C’est la vie, incommensurable en passion, ressort et puissance,
    Pleine de joie, mise en oeuvre par des lois divines pour la plus libre action,
    C’est l’Homme Moderne que je chante.



    1867. Walt Whitman (1819–1892). Leaves of Grass. 1900. Feuilles d’herbes : Traduction de Jules Laforgue prise dans Poetica.fr

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  • Garcia Lorca (Federico) : Vuelta del paseo / Retour de promenade

    Asesinado por el cielo.
    Entre las formas que van hacia la sierpe
    y las formas que buscan el cristal,
    dejaré crecer mis cabellos.

    Con el árbol de muñones que no canta
    y el niño con el blanco rostro de huevo.

    Con los animalitos de cabeza rota
    y el agua harapienta de los pies secos.

    Con todo lo que tiene cansancio sordomudo
    y mariposa ahogada en el tintero.

    Tropezando con mi rostro distinto cada día.
    ¡Asesinado por el cielo!

    Assassiné par le ciel,
    entre les formes qui vont vers le serpent
    et les formes qui cherchent le cristal,
    je laisserai mes cheveux pousser.

    Avec l’arbre à moignons qui ne chante pas
    et l’enfant au blanc visage d’oeuf.

    Avec les bestioles à la tête brisée
    et l’eau haillonneuse aux pieds secs.

    Avec tout ce qui est fatigue sourde-muette
    et papillon noyé dans l’encrier.

    Me heurtant à mon visage différent de chaque jour.
    Assassiné par le ciel !

    Ecrit en 1929 et paru en 1930 paru dans le recueil Poeta en Nueva York, sous le Chapitre « Poemas de la soledad en la Universidad Columbia. Texte écrit à propos de New York.

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  • Garcia Lorca (Federico) : Oda a Salvador Dali / Ode à Salvador Dali (traduction Paul Eluard)

    Una rosa en el alto jardín que tú deseas.
    Una rueda en la pura sintaxis del acero.
    Desnuda la montaña de niebla impresionista.
    Los grises oteando sus balaustradas últimas.

    Los pintores modernos en sus blancos estudios,
    cortan la flor aséptica de la raíz cuadrada.
    En las aguas del Sena un ice-berg de mármol
    enfría las ventanas y disipa las yedras.

    El hombre pisa fuerte las calles enlosadas.
    Los cristales esquivan la magia del reflejo.
    El Gobierno ha cerrado las tiendas de perfume.
    La máquina eterniza sus compases binarios.

    Una ausencia de bosques, biombos y entrecejos
    yerra por los tejados de las casas antiguas.
    El aire pulimenta su prisma sobre el mar
    y el horizonte sube como un gran acueducto.

    Marineros que ignoran el vino y la penumbra,
    decapitan sirenas en los mares de plomo.
    La Noche, negra estatua de la prudencia, tiene
    el espejo redondo de la luna en su mano.

    Un deseo de formas y límites nos gana.
    Viene el hombre que mira con el metro amarillo.
    Venus es una blanca naturaleza muerta
    y los coleccionistas de mariposas huyen.

    * * *

    Cadaqués, en el fiel del agua y la colina,
    eleva escalinatas y oculta caracolas.
    Las flautas de madera pacifican el aire.
    Un viejo dios silvestre da frutas a los niños.

    Sus pescadores duermen, sin ensueño, en la arena.
    En alta mar les sirve de brújula una rosa.
    El horizonte virgen de pañuelos heridos,
    junta los grandes vidrios del pez y de la luna.

    Una dura corona de blancos bergantines
    ciñe frentes amargas y cabellos de arena.
    Las sirenas convencen, pero no sugestionan,
    y salen si mostramos un vaso de agua dulce.

    * * **

    ¡Oh, Salvador Dalí, de voz aceitunada!
    No elogio tu imperfecto pincel adolescente
    ni tu color que ronda la color de tu tiempo,
    pero alabo tus ansias de eterno limitado.

    Alma higiénica, vives sobre mármoles nuevos.
    Huyes la oscura selva de formas increíbles.
    Tu fantasía llega donde llegan tus manos,
    y gozas el soneto del mar en tu ventana.

    El mundo tiene sordas penumbras y desorden,
    en los primeros términos que el humano frecuenta.
    Pero ya las estrellas ocultando paisajes,
    señalan el esquema perfecto de sus órbitas.

    La corriente del tiempo se remansa y ordena
    en las formas numéricas de un siglo y otro siglo.
    Y la Muerte vencida se refugia temblando
    en el círculo estrecho del minuto presente.

    Al coger tu paleta, con un tiro en un ala,
    pides la luz que anima la copa del olivo.
    Ancha luz de Minerva, constructora de andamios,
    donde no cabe el sueño ni su flora inexacta.

    Pides la luz antigua que se queda en la frente,
    sin bajar a la boca ni al corazón del bosque.
    Luz que temen las vides entrañables de Baco
    y la fuerza sin orden que lleva el agua curva.

    Haces bien en poner banderines de aviso,
    en el límite oscuro que relumbra de noche.
    Como pintor no quieres que te ablande la forma
    el algodón cambiante de una nube imprevista.

    El pez en la pecera y el pájaro en la jaula.
    No quieres inventarlos en el mar o en el viento.
    Estilizas o copias después de haber mirado,
    con honestas pupilas sus cuerpecillos ágiles.

    Amas una materia definida y exacta
    donde el hongo no pueda poner su campamento.
    Amas la arquitectura que construye en lo ausente
    y admites la bandera como una simple broma.

    Dice el compás de acero su corto verso elástico.
    Desconocidas islas desmiente ya la esfera.
    Dice la línea recta su vertical esfuerzo
    y los sabios cristales cantan sus geometrías.

    * * *

    Pero también la rosa del jardín donde vives.
    ¡Siempre la rosa, siempre, norte y sur de nosotros!
    Tranquila y concentrada como una estatua ciega,
    ignorante de esfuerzos soterrados que causa.

    Rosa pura que limpia de artificios y croquis
    y nos abre las alas tenues de la sonrisa
    (Mariposa clavada que medita su vuelo).
    Rosa del equilibrio sin dolores buscados.
    ¡Siempre la rosa!

    * * *

    ¡Oh, Salvador Dalí de voz aceitunada!
    Digo lo que me dicen tu persona y tus cuadros.
    No alabo tu imperfecto pincel adolescente,
    pero canto la firme dirección de tus flechas.

    Canto tu bello esfuerzo de luces catalanas,
    tu amor a lo que tiene explicación posible.
    Canto tu corazón astronómico y tierno,
    de baraja francesa y sin ninguna herida.

    Canto el ansia de estatua que persigues sin tregua,
    el miedo a la emoción que te aguarda en la calle.
    Canto la sirenita de la mar que te canta
    montada en bicicleta de corales y conchas.

    Pero ante todo canto un común pensamiento
    que nos une en las horas oscuras y doradas.
    No es el Arte la luz que nos ciega los ojos.
    Es primero el amor, la amistad o la esgrima.

    Es primero que el cuadro que paciente dibujas
    el seno de Teresa, la de cutis insomne,
    el apretado bucle de Matilde la ingrata,
    nuestra amistad pintada como un juego de oca.

    Huellas dactilográficas de sangre sobre el oro,
    rayen el corazón de Cataluña eterna.
    Estrellas como puños sin halcón te relumbren,
    mientras que tu pintura y tu vida florecen.

    No mires la clepsidra con alas membranosas,
    ni la dura guadaña de las alegorías.
    Viste y desnuda siempre tu pincel en el aire
    frente a la mar poblada de barcos y marinos.

    Une rose dans le haut jardin que tu désires.
    Une roue dans la pure syntaxe de l’acier.
    Elle est nue la montagne de brume impressionnistes.
    Les gris en sont à leurs dernières balustrades.

    Dans leurs blancs studios, les peintres modernes
    Coupent la fleur aseptique de la racine carrée.
    Sur les eaux de la Seine, un iceberg de marbre
    Refroidit les fenêtres et dissipe les lierres.

    L’homme, d’un pas ferme, foule les rues dallées
    Et les vitres esquivent la magie du reflet.
    Le Gouvernement a fermé les boutiques de parfums.
    La machine éternise ses mouvements binaires.

    C’est une absence de forêts, de paravents, d’entre-sourcils
    Qui rôde par les terrasses des maisons antiques.
    Et c’est l’air qui polit son prisme sur la mer,
    C’est l’horizon qui monte comme un grand aqueduc.

    Les marins ignorant le vin et la pénombre
    Décapitent les sirènes sur des mers de plomb.
    La Nuit, noire statue de la prudence,
    Tient le miroir rond de la lune dans sa main.

    Un désir nous gagne, de formes, de limites.
    Voici l’homme qui voit à l’aide d’un mètre jaune.
    Venus est une blanche nature-morte.
    Voici que les collectionneurs de papillons s’effacent.

    * * *

    Cadaquès, sur le fléau de l’eau et de la colline,
    Soulève des gradins et enfouit des coquilles.
    Des flûtes de bois pacifient l’air.
    Un vieux dieu sylvestre donne des fruits aux enfants.

    Sans avoir pris le temps de s’endormir, les pêcheurs dorment sur la sable.
    En haute mer, ils ont une rose pour boussole.
    L’horizon vierge de mouchoirs blessés
    Joint les masses vitrifiées du poisson et de la lune.

    Une dure couronne de blanches brigantines
    Ceint des fronts amers, des cheveux de sable.
    Les sirènes persuasives ne nous suggestionnent pas.
    Elles apparaissent au premier verre d’eau douce.

    * * *

    Ô Salvador Dali à la voix olivée !
    Je ne vante pas ton imparfait pinceau adolescent,
    Ni ta couleur qui courtise la couleur de ton temps.
    Je chante ton angoisse, ô limité, limité éternel !

    Âme hygiénique, tu vis sur des marbres nouveaux.
    Tu fuis l’obscure selve des formes incroyables.
    Où atteignent tes mains, ta fantaisie atteint,
    Et tu jouis du sonnet de la mer dans ta fenêtre.

    Aux premières bornes que l’homme rencontre,
    Le monde n’est que désordre et que sourde pénombre.
    Mais déjà les étoiles, cachant les paysages,
    Désignent le schéma parfait de ses orbites.

    Le courant du temps s’apaise et s’ordonne
    Dans les formes numériques d’un siècle, et d’un autre siècle.
    La Mort vaincue se réfugie en tremblant
    Dans le cercle étroit de la minute présente.

    En prenant ta palette, dont l’aile est trouée d’un coup de feu,
    Tu demandes la lumière qui anime la coupe renversée de l’olivier.
    Large lumière de Minerve, constructrice d’échafaudages,
    Lumière où ni le songe, ni sa flore inexacte n’ont place.

    Tu demandes la lumière antique qui reste sur le front,
    Qui ne descend ni à la bouche, ni au cœur de l’homme.
    Lumière que craignent les vignes poignantes de Bacchus
    Et la force désordonnée qui porte l’eau courbe.

    Tu as raison de banderoler la limite obscure,
    Toute brillante de nuit. Et en tant que peintre,
    Tu ne veux pas que ta forme soit amollie
    Par le coton changeant d’un nuage imprévu.

    Le poisson dans le vivier, l’oiseau dans la cage,
    Tu ne veux pas les inventer dans la mer ou le vent.
    Après les avoir, de tes honnêtes pupilles, bien regardés,
    Tu stylises ou copies les petits corps agiles.

    Tu aimes une matière définie et exacte
    Où le champignon ne puisse dresser sa tente.
    Tu aimes l’architecture qui contruit dans l’absent
    Et tu prends le drapeau pour une simple plaisanterie.

    Le compas d’acier rythme son court vers élastique.
    La sphère déjà dément les îles inconnues.
    La ligne droite exprime son effort vertical
    Et les cristaux savants chantent leurs géométries.

    * * *

    Mais encore et toujours la rose du jardin où tu vis.
    Toujours la rose, toujours ! nord et sud de nous-mêmes !
    Tranquille et concentrée comme une statue aveugle,
    Ignorante des efforts souterrains qu’elle cause.

    Rose pure, abolissant artifices et croquis
    Et nous ouvrant les ailes ténues du sourire.
    (Papillon cloué qui médite son vol).
    Rose de l’équilibre sans douleurs voulues. Toujours la rose !

    * * *

    Ô Salvador Sali à la voix olivée !
    Je dis ce que me disent ta personne et tes tableaux.
    Je ne loue pas ton imparfait pinceau adolescent,
    Mais je chante la parfaite direction de tes flèches.

    Je chante ton bel effort de lumières catalanes
    Et ton amour pour tout ce qui explicable.
    Je chante ton cœur astronomique et tendre,
    Ton cœur de jeu de cartes, ton cœur sans blessure.

    Je chante cette anxiété de statue que tu poursuis sans trêve,
    La peur de l’émotion qui t’attend dans la rue.
    Je chante la petite sirène de la mer qui te chante,
    Montée sur une bicyclette de coraux et de coquillages.

    Mais avant tout je chante une pensée commune
    Qui nous unit aux heures obscures et dorées.
    L’art, sa lumière ne gâche pas nos yeux.
    C’est l’amour, l’amitié, l’escrime qui nous aveuglent.

    Bien avant le tableau que, patient, tu dessines,
    Bien avant le sein de Thérèse, à la peau d’insomnie,
    Bien avant la boucle serrée de Mathilde l’ingrate,
    Passe notre amitié peinte comme un jeu d’oie.

    Que des traces dactylographiques de sang sur l’or
    Rayant le cœur de la Catalogne éternelle !
    Que les étoiles comme des poings sans faucon t’illuminent,
    Pendant que ta peinture et que ta vie fleurissent.

    Ne regarde pas la clepsydre aux ailes membraneuses,
    Ni la dure faux des allégories.
    Habille et déshabille toujours ton pinceau dans l’air,
    Face à la mer peuplée de barques et de marins.

    Oda a Salvador Dalí. Traduction de Paul Éluard, 1938

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  • Char (René) : Afin qu'il n'y soit rien changé

    1
    Tiens mes mains intendantes, gravis l’échelle noire, ô Dévouée; la volupté des graines fume, les villes sont fer et causerie lointaine.
    2
    Notre désir retint à la mer sa robe chaude avant de nager sur son coeur.
    3.
    Dans la luzerne de ta voix tournois d’oiseaux chassent soucis de sécheresse.
    4.
    Quand deviendront guides les sables balafrés issus des lents charrois de la terre, le calme approchera de notre espace clos.
    5.
    La quantité de fragments me déchire. Et debout se tient la torture.
    6.
    Le ciel n’est plus aussi jaune, le soleil aussi bleu. L’étoile furtive de la pluie s’annonce. Frère, silex fidèle, ton joug s’est fendu. L’entente a jailli de tes épaules.
    7.
    Beauté, je me porte à ta rencontre dans la solitude du froid. Ta lampe est rose, le vent brille. Le seuil du soir se creuse.
    8
    J’ai, captif, épousé, le ralenti du lierre à l’assaut de la pierre de l’éternité.
    9.
    « Je t’aime », répète le vent à tout ce qu’il fait vivre. Je t’aime et tu vis en moi.

    Fureur et mystère. Seuls demeurent. 1938-1944

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  • Char (René) : À ***

    Tu es mon amour depuis tant d’années,
    Mon vertige devant tant d’attente,
    Que rien ne peut vieillir, froidir ;
    Même ce qui attendait notre mort,
    Ou lentement sut nous combattre,
    Même ce qui nous est étranger,
    Et mes éclipses et mes retours.

    Fermée comme un volet de buis,
    Une extrême chance compacte
    Est notre chaîne de montagnes,
    Notre comprimante splendeur.

    Je dis chance, ô ma martelée ;
    Chacun de nous peut recevoir
    La part de mystère de l’autre
    Sans en répandre le secret ;
    Et la douleur qui vient d’ailleurs
    Trouve enfin sa séparation
    Dans la chair de notre unité,
    Trouve enfin sa route solaire
    Au centre de notre nuée
    Qu’elle déchire et recommence.

    Je dis chance comme je le sens.
    Tu as élevé le sommet
    Que devra franchir mon attente
    Quand demain disparaîtra.

    Recherche de la base et du sommet. IV. A une sérénité crispée. 1952

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  • Kesey (Ken) : La Wakonda Auga

    Dévalant le versant ouest de la chaîne côtière de l’Oregon… viens voir les cascades hystériques des affluents qui se mêlent aux eaux de la Wakonda Auga. Les premiers ruisselets caracolent comme d’épais courants d’air parmi la petite oseille et le trèfle, les fougères et les orties, bifurquent, se scindent… forment des bras. Puis, à travers les busseroles et les ronces élégantes, les myrtilles et les mûres, les bras cascadent pour fusionner en ruisseaux, en torrents. Enfin, au pied des collines, émergeant entre les mélèzes laricins et les pins à sucre, les acacias et les épicéas – et puis la mosaïque vert et bleu des pains de Douglas -, la rivière en personne franchit d’un bond cent cinquante mètres et là, regarde: voici qu’elle prend ses aises à travers champs.
    Ken Kesey. Et quelquefois j’ai comme une grande idée. 1964. 

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  • Rilke (Rainer Maria) : Par les antiques aqueducs

    Par les antiques aqueducs, des eaux vives infiniment arrivent dans la grande cité, dansent sur des places nombreuses au-dessus des blanches vasques de pierre et s’épanchent en de larges et profonds bassins, murmurantes au long du jour, puis haussant avec la nuit leur murmure, la nuit d’ici qui est vaste et pleine d’étoiles et tout adoucie de brises. Et il y a ici des jardins, des allées et des escaliers inoubliables, des escaliers conçus par Michel-Ange, des escaliers disposés à l’image des eaux glissant au long d’une pente et qui font naître, en leur ample chute, une marche d’une autre marche, comme la vague naît de la vague.
    Lettres à un jeune poète. p. 65, à propos de Rome.

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  • Hölderlin (Friedrich) : Das Hälfte des Lebens / La moitié de la vie

    Mit gelben Birnen hänget
    Und voll mit wilden Rosen
    Das Land in den See,
    Ihr holden Schwäne,
    Und trunken von Küssen
    Tunkt ihr das Haupt
    Ins heilignüchterne Wasser.

    Weh mir, wo nehm’ ich, wenn
    Es Winter ist, die Blumen, und wo
    Den Sonnenschein,
    Und Schatten der Erde?
    Die Mauern stehn
    Sprachlos und kalt, im Winde
    Klirren die Fahnen.

    Avec des poires jaunes,
    Et pleine de roses sauvages
    La terre est penchée sur le lac,
    Et vous, cygnes charmants,
    Ivres de baisers,
    Vous trempez votre tête
    Dans l’eau sobre et sacrée.

    Malheureux, où irai-je prendre,
    Quand vient l’hiver, les fleurs, où
    Le rayon du soleil,
    Et l’ombre de la terre ?
    Les murs se tiennent là
    Muets et froids, dans le vent
    Claquent les drapeaux.

    Jahr 1804; in Friedrich Wilmans Taschenbuch für das Jahr 1805.

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